domingo, 26 de agosto de 2012

Adios al hombre de la Luna

El autor de la histórica frase "Es un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad” ha fallecido a los 82 años por complicaciones tras una operación cardiaca.
Neil Armstrong, a bordo del 'Apollo 11', se convirtió el 20 de julio de 1969 en la primera persona en pisar el satélite.
Hubiese merecido la pena tener algunos años mas y haber podido nacer y ver esa huella.
Armstrong fue un hombre con una constante capacidad de aprendizaje y frío ante el peligro, discreto: no firmaba autógrafos, y persiguió a su peluquero por comerciar con su cabello.
Es verdaderamente difícil ser durante más de cuarenta años una de las personas más conocidas del mundo, un pionero como era Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la Luna, y no haber dicho públicamente ninguna tontería en todo este tiempo. No solamente tiene mérito esta característica pública del ingeniero, piloto y astronauta estadounidense, en una época como la actual, en la que prácticamente se exigen declaraciones de forma continua a cualquiera que se suponga que suscita un mínimo interés público, sino que dice mucho sobre su personalidad.
No consiguió nunca que dejaran de preguntarle por la Luna, sí consiguió dar casi siempre la imagen de ser una persona equilibrada, apreciada entre sus compañeros y discreta en su vida






Armstrong era un astronauta típico de aquella época dorada, los años sesenta del siglo pasado, seleccionado por sus méritos técnicos, indudablemente, pero sobre todo por su capacidad de aprendizaje, de reacción ante situaciones imprevistas y peligrosas y por su carácter muy sereno, que algunos llamarían sangre fría. Las relaciones públicas no eran una de sus preocupaciones.



Sobre todo, a Armstrong, nacido en 1930 en Ohio (EE UU), le gustaba su profesión, le encantaban los aviones desde muy pequeño, era inteligente y por eso pudo hacerse ingeniero aeronáutico. Se enroló en la Marina antes de terminar la carrera y participó en la Guerra de Corea (1950-1953). Luego se presentó a piloto de pruebas. En esa etapa, en la década de los años cincuenta, se convirtió en una leyenda en la base Edwards, en California, por sus peligrosas experiencias con aviones experimentales, en las que a veces dio la impresión de haber cometido equivocaciones, y que pudieron costarle la vida en varias ocasiones. Incluso voló una vez con el también mítico piloto Chuck Yeager. Allí demostró que si sabía lo que era el miedo no lo demostraba nunca.

Con el fallecimiento del primer hombre en pisar la Luna se cierra una época dorada, incluso épica, de la astronáutica. Armstrong, un hombre de la vida real, que se enfrentaba en sus misiones a motores que no funcionaban, computadores primitivos que se bloqueaban o simplemente a interruptores atascados en los que le iba la vida, siempre ha dicho que no creía que fueran a lograr aterrizar en la Luna. Conocía perfectamente todo lo que podía ir mal en una tecnología que todavía hoy tiene mucho de artesanía y no tenía paciencia con quienes, desde los sillones de sus casas, creen que ir a Marte, por ejemplo, es como dar un paseo en helicóptero. No fue nunca un visionario genial como el alemán Wernher Von Braun, el artífice del cohete Saturno que impulsó a Armstrong hacia la Luna. Sin embargo, siempre se declaró optimista sobre el futuro del hombre en el espacio.

Aquí os dejo el video de ese momento histórico.



Saludos