miércoles, 20 de febrero de 2013

Los festines. ¿Mejor solo?

En nuestro oficio tenemos a menudo la suerte o la desgracia de que nos inviten a comer. ¿quién no ha tenido que sufrir una de esas comidas o cenas en las que solo acercarse a la mesa dan ganas de escapar?
Presentaciones de proyectos, servicios, acciones comerciales, exaltaciones de la mujer.Una buena manera para afrontar el trago era meterse en el bar de al lado y atizarse un par de martinis de vodka bien secos, para entrar en el evento y darle a la azafata tu nombre con la más encantadora de tus sonrisas, mientras se saluda a unos conocidos, algunos muy aburridos y otros desconocidos con posibilidades de serlo..aburridos, claro.
Luego está el reparto de cada sitio en las mesas, esa lotería que tratan de organizar pero que jamás funciona. Luchando por juntar a gente afín o a la que puede interesar conocer. Así que tú siempre acabas compartiendo mesa con la mujer del cliente, cuyos tiempos de gloria pasaron hace años.
Tratas como manda la educación, de entablar una charla por turnos a tu derecha e izquierda, sin lograr una conversación mas allá de qué contenido llevará la guarnición, mientras el tiempo entre plato y plato se hace eterno y los cafés  nunca llegan..
Luego están los discursos, breves o interminables. Yo, en particular, el mejor consejo que puedo dar respecto a estos convites es evitarlos a toda costa, y regalarse mejor el paladar buscando el restaurante y compañía que a uno le plazca, para cuidar no solo la salud gastronómica sino también la mental. Aunque siempre haya algún banquete ahí escondido, esperándonos a la vuelta de la esquina.
No sabemos por qué aún no han catalogado el trabajo de consultor como de alto riesgo. ¿O acaso existe algo mas delicado y peligroso que sentarse a la mesa con un cliente?


Saludos