martes, 14 de mayo de 2013

Para los desesperanzados





Detrás de cada amor viene un nuevo amor. Indefectiblemente. Cuando terminas de comer un terrible chuletón es difícil que al momento tengas ganas de comerte un plato de tallarines, pero seguramente al otro día te los comerías con ganas. Hay momentos en la vida donde crees que todo terminó para ti en materia de amor. Eso nunca es cierto. Creer que nunca vas a querer a otra mujer como a la anterior es como pensar que nunca más vas a tener hambre. Ya sea con la misma persona en una nueva etapa o con otra, vas a volver a sentirte tan bien o mejor que antes.

“Nunca más voy a encontrar otra Verónica”, dijo Luis un día. Y tenía razón. Esa Verónica era única. No estaba clonada ni nada. Lo que no se puso a pensar era para qué quería encontrar otra igual si en realidad no tenía nada que no pudiera encontrar en otra. Claro… el amor nubla la vista y entorpece el buen funcionamiento del cerebro, lo que hace que veamos en la otra persona virtudes que no existen. Que con nadie vamos a hacer el amor como con ella. Mentira. Que nadie nos va a querer como nos quería ella. Mentira. (Gracias a Dios). Y así podríamos seguir con una lista interminable. Esto es importante tenerlo en cuenta no sólo para sentirnos mejor en caso de que el distanciamiento con nuestra novia sea irreversible sino también en los momentos en los que estamos intentando una reconciliación. Nos vamos a sentir más tranquilos y seguros si tenemos en cuenta que si las cosas no nos salen como queremos, no es la muerte de nadie. Y es más, tal vez ella esté perdiendo más que nosotros. Porque siempre viene otra. Las mujeres son como las olas. Siempre va a venir una mejor. Aunque por momentos el mar parezca tornarse más calmado. ¿Viste alguna vez un surfista tendido en la arena llorando porque esa ola que tan bien surfeó durante un rato, se desvaneció en la orilla? Seguro que no. Los surfistas agarramos de nuevo la tabla y volvemos a encarar el mar en busca de otra ola que muy probablemente será igual o mejor a la que se fue. Tal vez la tengamos que esperar un poco flotando, pero siempre llega. 





 A pesar de todo no podemos dejar de reconocer que nuestros mejores momentos los hemos vivido al lado de una mujer. Son realmente difíciles de entender pero nadie puede negar que son el ser más atractivo del planeta. No hay nada que atraiga más a un hombre que una mujer. Ni un paisaje, ni una comida, ni un coche, ni una casa, ni nada. Y eso es algo que no va a cambiar a pesar de que hayamos tenido con ellas experiencias negativas, angustias y desengaños. Es por eso que por más traumática que haya sido alguna relación o por mucho que nos haya dolido una ruptura, siempre vamos a volver a enamorarnos. Y por más que hayamos jurado y perjurado no volver a entregar nuestro corazón, vamos a volver a hacerlo. Y está bien que así sea. Porque si la mujer de tu vida aún no llegó, ya va a llegar. Esa que te acepta y te quiere como eres. Esa que quiera compartir todo contigo. Siempre llega. Y es ahí donde vas a entender un poco mejor por qué no se tuvo que dar con aquella otra. En ese momento vas a reírte de tu pasado. Te va a parecer muy pero que muy lejano todo el sufrimiento que sentiste en otra época. Si miras para atrás te vas a ver a ti mismo como si fueras otra persona. Y tal vez la mujer con la que compartirás el resto de tu vida sea esa ex novia que tan mal te lo ha hecho pasar hoy. Nadie puede saberlo. Claro que cuando esa mujer aparezca es más que importante que hayas aprendido a manejar ciertas situaciones sin cometer los errores del pasado. Porque a ella tampoco va a gustarle un tipo totalmente entregado, absolutamente transparente, que diga a cada rato “frases prohibidas”, que la tenga atada, que la persiga cuando la note distante o que no se quiera a sí mismo. Es muy probable que esa mujer en algún momento de tu noviazgo también “se confunda” o “necesite un tiempo”, pero cuando eso pase tu vas a recordar que las mujeres en algunas oportunidades necesitan esa libertad, que a veces la única jugada ganadora es no jugar, que para pensar está la mente y no el corazón, que hay que tener el quiero como en el truco, que su llanto es diferente al nuestro, que si sabe que estás muerto, es un error. Esa será la persona a tu medida. La que estabas esperando y la que de alguna manera estaba esperándote a ti. Te preguntarás: “¿Por qué no la conocí antes?” Y si lo razonas un poco te vas a dar cuenta de que en realidad todas las vivencias anteriores te sirvieron no sólo como experiencia sino para valorarla mucho más. Seguramente de aquí a un tiempo estarás parado de espaldas al altar de una iglesia, y al son de una maravillosa música se abrirán las puertas y la verás entrar caminando lentamente hacia ti, mas hermosa de lo que alguna vez podrías haberla imaginado. Como si fuera un sueño del que nunca quisieras despertar. En ese instante serás sin duda el hombre más feliz del universo. A partir de ese momento… bueno… creo que eso ya es otra historia.