sábado, 28 de septiembre de 2013

Reflejo



¿Donde se esconde nuestra imagen cuando no la presentamos frente al espejo?
Pregunta actual, como pocas que, a lo largo de la historia ha generado cierto miedo combatido a través de diferentes mitos, esculturas, pinturas, novelas, películas y hasta en series de televisión. El narcisismo,  y en general el mundo de la imagen de uno mismo, vive en la superabundancia.  Parece que nuestra sombra finalmente, se ha emancipado.  Se dedica a vagar por el mundo virtual. Nuestros avatares en las redes sociales, y n nuestros teléfono móviles, viven experiencias que nunca experimentaremos. Fuente de placer, aunque también de algún que otro trauma de difícil digestión. Dispositivos y pantallas que funcionan como espejos ahumados, negros, que niegan la mirada y velan por nuestra intimidad.
¿Cómo superar el pavor que hemos sentido siempre a separarnos de nuestra imagen?
Frente al espejo los vampiros no devuelven ninguna figura . Ahora bien, son eso, vampiros con sun teen spirit de serie de sagas interminables. Nuestra imagen, por  contra, está llamada a ser fija, o al menos lo estuvo. Corrían tiempos en los que una personalidad fuerte y una imagen reconocible eran herramientas para entender el funcionamiento del mundo, y si no que le pregunten a los community managers de empresas como apple.


No merece la pena recordar a Descartes y su (yo) pienso, luego existo.
Durante la Edad Media, ofrecer una imagen doble de uno mismo era sinónimo de magia negra,  herejía. Lo cierto es que en nuestro mundo gobernado por la técnica y ahora magia tecnológica,  la herejía dejó hace tiempo de ser delito. ¿Quién es hoy capaz de creerse la historia de un espejo incapaz de devolver nuestra imagen?


Hoy, el pánico,  lo siniestro,  lo que es familiar pero a la vez extraño vive en gadgets de reducidas dimensiones y figura plana, realidades menos serias, pero que siguen dando pie a la risa. La risa debería ser siempre incontenible.

Saludos