miércoles, 6 de noviembre de 2013

Mis aprendizajes. XI La autoestima

Algunos fragmentos recopilados de textos de Luis Rojas Marcos.

Si nos paramos a pensar en las parcelas primordiales de nuestra dicha, la gran mayoría de los hombres y las mujeres, independientemente de su edad, su personalidad, su estracto social o el país en el que habiten, apuntan a las relaciones afectivas con otras personas, bien sea de pareja, de familia o de amistad.
La conexión entre relaciones y autoestima es de doble dirección.
Muchas personas son conscientes de que las relaciones gratificantes protegen su autoestima en momentos bajos o de gran vulnerabilidad. Está de sobra demostrado que desde la infancia hasta el último día de la vida las buenas relaciones afectivas constituyen el mejor antídoto contra las consecuencias nocivas de cualquier amenaza contra la propia identidad.
La unión con nuestros compañeros de vida constituye un remedio eficacísimo contra todo tipo de adversidad,  sea un fracaso personal, una grave enfermedad, la pérdida de un ser querido, un percance imprevisto o una agresión cruel, física o mental.
Los individuos que se sienten genuinamente vinculados a otros seres cercanos superan los retos y escollos que les plantea la vida mejor y más rápidamente que quienes no cuentan con el soporte emocional de algún semejante.
Todas las relaciones afectivas, requieren mantenimiento, adaptación y capacidad de resistencia por parte de sus integrantes. Se necesita  prestar continua atención y poner esfuerzo para acomodarse a las visicitudes como las exigencias o cualquier tipo de problema, los agobios laborales,  económicos,  los cambios inesperados o las enfermedades.