martes, 3 de diciembre de 2013

Pequeñas dosis

Un joven vuelve de una estancia en una casa solariega.
¿Cómo ha ido tu fin de semana?, le pregunta un amigo.
Bueno, responde, si la sopa hubiese estado tan caliente como el vino, y el vino hubiese sido tan viejo como la gallina, y la gallina hubiese estado tan tierna como la sirvienta, y la sirvienta hubiese sido tan voluntariosa como la duquesa, habría sido un fin de semana estupendo.

Así funciona la mente. Si la analizas te reirás de tu propia mente.
Nunca está en el presente. O bien está en el pasado que ya no existe y no es mas que una memoria, una memoria que desvanece, un lejano eco, tal vez un sueño que una vez tuviste, pero nada mas, son castillos en el aire, o en el futuro.
La mente está dirigida hacia el pasado o hacia el futuro. El pasado ya no está en tus manos,  se ha ido, se ha ido para siempre.  No hay manera de que vuelva. Lo único que puedes hacer es proyectar en el futuro lo que te habría gustado hacer...Naturalmente si tienes que pensar en el futuro para que sea más pleno que tu ayer, te estarás perdiendo el momento presente. Tu mente se mueve como un péndulo del pasado al futuro, del futuro al pasado. Nunca se queda en el medio, donde se halla la realidad.
Tú eres real pero tu mente es irreal. Tú siempre estás en el presente, no puedes estar en otra parte. Tu mente nunca está en el lugar donde tú estás.
Simplemente deja a un lado la mente. Cuando digo esto me refiero a que te alejes de la cháchara interna. Ese alboroto,  es el que te impide conocerte a ti mismo.
La existencia está en el presente.