sábado, 20 de febrero de 2016

Perder el tren




Ahí, sentados en sus propias vías, habiendo perdido el tren de regreso. Pasa rápido y no espera a nadie, toca estar atento, saltar y agarrarse, es el futuro y no se detiene. No importa si vienes cansado, desde el mar o el desierto o si llevas peso a tus espaldas.
¿No lo ves? ¿Es que no quieres acaso aprovecharlo? ¿No vas a darlo todo por él?
Lo cierto que ese tren, al verlo de lejos asusta. Es algo que hace mucho ruido, que tiñe el cielo, quemando toda la madera que está a su alcance. Todo lo imprescindible está dentro de ese tren, en su portamaletas.
Lo cierto es que, de tan rápido que va, a algunos les da miedo que pueda descarrilar o estamparse en cualquier roca inesperada. Su pasión justifica la velocidad, aunque no sepa muy bien todavía donde se dirige. Aunque esa velocidad arrase muchas veces selvas, aunque se haya llevado ciudades enteras por delante o haya atropellado la vida de los que intentan subirse sin mucho tino.
Y, si pasó por delante de ti y lo perdiste, te quedas sentado encima de las vías. No hay mas tren que esperar, la única espera que vale es la de que llegue a descarrilar.


Saludos