miércoles, 25 de mayo de 2016

Buscarte. No te vayas



Te buscaré hasta acariciar tu rostro, te buscaré para estar a medio metro de tu risa. Hasta que el sol deje de quemar mi piel.Tomaré autopistas y avenidas para gritar tu nombre. Donde hoy te encuentres nunca dudes que a tu lado estaré. Que lucharé día y noche para saber algo de ti, ten paciencia que hasta ahí llegaré y seré la persona que te reconforte.Supe que si te tocaba no te dejaría ir nunca. Yo no quiero que te vayas.
Si tuviera la oportunidad de volar contigo al mismo son, de conocer paisajes que nadie nunca antes descubrió, de compartir desayunos y sofá, si pudiera...

Hoy te ha buscado, y una vez mas no estabas allí, entre el tumulto de la gente,los focos, los rostros y un parking repleto de coches, similar a una feria. Como no, el llevaba tu botella de agua, esa botella que ha dado y despertado mucho entre los dos. 
Él solo quería verte por última vez, decirte que te quiere y besarte, pero no estabas.

Ambos conocéis que vuestra relación no ha sido nada fácil, sin embargo  él no puede dejar de amarte.

Olvidar todo lo acontecido entre vosotros, él no quiero estar disgustado contigo, te lo aseguro. No os peleéis ni os enfadéis por cosas que no tienen sentido, de veras.
Enséñale sobre lo que no sabe, él no vino programado para esta guerra.Daros la oportunidad de equivocaros, de esforzaros, de caeros y levantaros, y de reforzar juntos los puntos débiles. Aprender de ambos. Que así el vuelo será más liviano y el paisaje más bello. Que así los enfados durarán dos minutos en vez de dos días. Que así no habrá bombas ni restos de metralla. Que así sí podréis.


Hay días en los que te desarmas hasta las entrañas y lo de siempre quema como nunca. Que las tiritas se despegan  y no hay remedio efectivo para recuperar la respiración. Quieres abandonar y, sin embargo, la cabeza escupe recuerdos de los bonitos, de los que no se olvidan y escuecen cuando tratas de enterrarlos o, al menos, dormirlos.
Pero cuando brota una sonrisa no hay pasado sino hoy, no hay pena sino esperanza, no hay llanto sino carcajadas. Apenas hay nada más que tú y yo paseando de la mano por el mundo, quizás una música de fondo, unas niñas de la mano, una playa desierta con un mar infinito, como el sentimiento que no somos capaces de alterar, de cambiar, de darle otro forma, otro color, otro espacio, porque permanece intacto con el paso de las debacles y los vientos, porque pase el tiempo que pase, pase el desastre y el dolor que pase, siempre nos encontramos en el punto de partida, en el kilómetro cero de la pureza de nuestro amor.




Fui a tu encuentro sin apenas expectativas. Aquella discusión nos apagó las ganas pero no la emoción, y supimos tirar de ella para suavizar los ánimos. Recuerdo perfectamente el primer segundo como si lo hubiera vivido hace un momento. 
Todo lo primero es especial: la primera mirada, la primera cerveza, el primer roce, el primer olor.  ¿Te acuerdas?
Y sigo al pie del cañón pero con la cabeza baja y la mirada perdida, buscando otros parajes en los que refugiarme. 
Y esperas tranquilamente a que el monstruo se te abalance y te arranque el corazón, el único que te sostuvo en los momentos más duros, el que te mantuvo en pie mientras caías y te saciaba cuando morías de sed. Luchas pero tampoco te resistes a perder. Esperas con ansia desplomarte mientras te sigues enamorando.
Él no quiere una despedida, ni triste ni alegre, simplemente no quiere que te vayas.