domingo, 2 de octubre de 2016

Manía de salir corriendo

Le dueles y apenas te conoce. Tres noches, cuatro abrazos y cinco besos. Desgarradora la pasión y la falta de entendimiento. Hablas de incompatibilidad con la misma frialdad que bebes una copa de vino blanco. No pareces inmutarte cuando él te reclama y al segundo le hablas de amor como si se te fuera la vida en ello. Piensas tanto en él que arranca con rabia cada día de su calendario y le haces tanto daño que busca huecos para verte, pero no los encuentra. Tú y él deberíais entenderos a la perfección.
Vas dejando tu olor allá por donde pasas menos cuando quiere olerte y sentirte dentro de él. Rompes la balanza decidiendo por él y enseguida cambias de opinión. Te quiere tan cerca como lejos en su vida. Tan pronto se abre a ti consigues cerrarle sin dudas. Tan pronto se desnuda le dejas la ropa en la puerta. Le calmas tanto como le brotas. Te echa de menos. Me cuesta creer que os vaya así, por favor, afinar la puntería al tirar los dardos, y regalaros rosas en cada esquina. Me cuesta ver, entender y comprender que no os vaya bien, que la realidad se convierta en una milésima parte de lo que será vuestro recuerdo y acuerdo. Porque en el fondo, sabemos que hubo algo. Lástima que ese algo no fuera lo suficientemente fuerte como para haberos molestado en miraros por dentro y poder llegar a hablar, entender y compartir el mismo idioma.


Besos