domingo, 30 de octubre de 2016

Narcosis





He tirado algunas cosas de mis cajones, ya en mejor vida y de las que tanto me ha costado desprenderme. Ha sido raro.

Me retumba la cabeza cuando me acuerdo del sueño que tuve.... aún conservo un extracto en mi cabeza.

"Me llamaste llorando. Tu voz me hizo presagiar lo peor, pero ante todo traté de escucharte y calmarte. Había mucho ruido de fondo, yo en el trabajo intentando hacer oídos sordos a los cien mil teléfonos que suplicaban ser cogidos y tú en la calle, con un viento y frío terribles y sonido de sirenas que se perdían por las calles de Madrid. Por fin te atreviste a decir que estabas a escasos metros de mí. En menos de tres minutos ya te divisaba y lo único que se me pasaba por la cabeza era el abrazo que necesitaba darte para hacerte sentir algo mejor. Te abracé tanto y tan fuerte que perdí la noción del tiempo, te abracé con tanto amor que olvidé dónde estaba. Sólo quería correr a tu lado, abrazarte en nuestro mundo, besarte a todas horas, encontrar ese número de la suerte, que nos hiciera escapar cogidos de la mano.
Tenías los ojos hinchados de tanto llorar. Llevabas una pequeña mochila y un billete de ida y vuelta sin cerrar. Habías viajado no sé cuántos kilómetros huyendo momentáneamente de tu caos y tus quebraderos de cabeza. Me dio la sensación de que buscabas en mí un pequeño refugio y en ese momento estaba dispuesto a entregarte mi vida entera por arrancarte una sonrisa. Me marché del trabajo lo antes posible y nos fuimos a casa. Tenías las manos heladas y ya era incapaz de dejarte que pasaras frío un segundo más. Porque conmigo, pensaba, tendrías todo el calor que pudieras necesitar a lo largo de tu vida.

El sol nos brindó la oportunidad de salir a la calle y respirar el invierno madrileño. Siempre me contabas que te volvía loca pasear por el Retiro y, como tus deseos son órdenes para mí, te llevé al parque de tus sueños.  Nos tiramos horas andando, recorriendo cada camino y descubriendo rincones mágicos. Apenas habíamos tenido tiempo para cruzar nuestras miradas y no te imaginabas que me moría por volver a empezar a abrazarte. Exhaustos, nos tiramos en la hierba, algo mojada por la humedad. De repente, rompes a carcajadas. Tú sí que tienes la sonrisa más maravillosa que he visto y la risa más emocionante que jamás he sentido. Te incorporas y te sientas encima de mí, bloqueando mis brazos con tus manos. Te acercas, me miras, me sonríes, te sigues acercando... me tiembla todo el cuerpo y se me nubla la razón y la vista, así que no me queda más remedio que cerrar los ojos, caer rendido a ti y esperar... jamás creí que me hablaras en serio cuando me decías que tus besos eran adictivos".

Desde que tuve este sueño, jamás volví a saber de ella...