domingo, 6 de noviembre de 2016

Idem 6.Quizás mañana



Nuestra relación rozaba el cielo. Llevábamos "juntos" casi un año y éramos demasiado cómplices. Lo nuestro era más bien una relación abierta, no porque así lo pactáramos, sino porque en aquel tiempo, época de adversidades, éramos el uno para el otro.

Lo que realmente nos unía no solo era un amor, era una amistad inocente e inexperta. Jamás nos impusimos reglas, aunque calláramos y sufriéramos en silencio. Jamás tuvimos el derecho a echarnos nada en cara. Jamás debimos permitir que esto acabara.
Yo era feliz. Necesitaba más su cariño que su cama, prefería su lealtad a su fidelidad, su lejana presencia a su cercana incertidumbre.
El tiempo fue destrozando aquellos castillitos de arena que nunca pudimos construir sobre tierra firme, y antes de hacerlos escombros, decidimos separarnos.


Desde el primer momento supimos que lo nuestro seguirá intacto e impoluto.
Nos seguimos teniendo de la misma manera que hace unos meses, puede que con más fuerza, y eso, sin duda, no tiene precio.


Vaya lección.
En esta historia, tan llena de sinceridad, no me queda más remedio que callar.
No me cuesta confesarle mis prejuicios. Porque, desgraciadamente, los tengo. Y sin embargo, no sé por qué razón, mantengo una actitud de cercanía fuera de contexto, me inspira una dulzura que ni en mis mejores tiempos, me apasiona hacerle sentir como una princesa, me preocupo, la protego, la cuido, la quiero.
Y no creo que este cuento con final sea una manera de comprar mi conciencia y de recompensar su manera tan limpia de quererme.
Tal vez, si dejo de adornar emociones e inventarme el amor, empiece a ver la vida un poco más bonita.





Esta noche, una canción tan triste como preciosa. Esta chica tiene algo....

Cuando no te siento, te quiero conmigo.