martes, 18 de julio de 2017

Abrazo


Se quedó pensando en el ascensor, justo antes de descender otra vez al mundo de los vivos. Sabía que había cerrado su puerta con una especie de vacío casi imposible de llenar. Se había marchado rota. Tras un rato cuestionándose si era ridícula la idea, volvío atrás y tocó su timbre. Su cara de extrañeza se convirtió en un poema al verla temblar:

- Estoooo... lo sientooo, tal vez no debería pedirte esto, pero es que... no sé... estaba ahí en el ascensor... y estaba pensando... jo, lo siento.., pero es que si no, no me iba tranquila... ¿podrías darme un abrazo, por favor?

- Pero... ¿estás tonta? Anda, entra que hace frío ahí fuera.

Y cuando le abrazó, se derrumbó. Dos segundos antes se estaba ahogando y entonces empezó a experimentar una paz difícil de describir. Perdió la noción del tiempo, del dolor, de la agonía y todo se hizo suave, la vida más bella y ella... ella más especial. Se retuvo al menos tres minutos, le acariciaba el pelo, le daba besos, le susurraba. Entre sus brazos no había miedo, sólo descanso, sosiego, calma absoluta. Hubiera querido retener ese momento, mejor prolongarlo horas ,hubiera querido tener siempre su abrazo, inmensamente reconfortante y reparador de almas rotas que vagan perdidas sin rumbo. Respiró profundamente, olvidando dónde y cómo estaba, borrando de un plumazo las ilusiones descosidas y las tiritas de su cuerpo. Pensó que aún había esperanza, la esperanza de no quedarse atrás, de seguir luchando por curar las heridas, de levantarse y caminar.

Cerró su puerta aliviada, cogió el ascensor fortalecida y salió a la calle con una media sonrisa, a pesar de la lluvia.




Hacía tanto tiempo que no le daban un abrazo tan real, tan sincero, tan tierno, tan alentador, tan vivo... Y es que hay abrazos y abrazos. Los rotos, los cumplidos, los que se dan por que sí, sin pena ni gloria. Y los abrazos que te devuelven la vida, aunque después vuelvas al mundo de las mentiras y se esfumen de la faz de la tierra.

Es la fuerza del abrazo. Y algunos abrazos, los de verdad, pueden llegar a ser suficientes para sanarnos.

Un abrazo...8 segundos