martes, 11 de julio de 2017

Perdí la cuenta.



Había quedado en pasar a recogerla, no era la primera vez,  pero si era la primera vez que sabia que las condiciones estaban dadas.Hacía semanas que las conversaciones telefónicas, tenían cierta picardía subida de tono. Hubo química desde la primera vez que se vieron, y aunque la conversación siempre fue en tono de broma, de juego, esta vez ya rebasaba lo lúdico, se atraían.
Le mandó un mensaje cuando estuvo frente a su puerta: - “ ya estoy aquí, … frente a tu puerta”, su corazón latía con fuerza… ella abrió la puerta, llevaba un vestido corto que resaltaba su espectacular figura, ella se veía nerviosa también, pero él pudo sentir también sus ganas. Se saludaron con un beso en la mejilla ”, no había terminado de hablar cuando él la abrazó.
No podía dejar de mirar su espectacular cuerpo, pero tampoco dejaba de pensar que en una semana ella se casaría, y aunque él ya lo sabía, tenia cierto temor de meterse en donde no debía, su cabeza le decía: “No comiences lo que no vas a terminar”, pero su instinto le decía, “ahora o nunca”.
Cambiaron de lugar un par de veces, hasta que quedaron los dos sentados en la cama, muy cerca, todo en muy pocos minutos, puso su mano en su espalda y luego en su brazo, su piel era suave, y el mundo se paró...

Y ella está ahí, pensando en tantas cosas que terminan en nada, perdida en recuerdos y la nostalgia. Está ahí, contando las veces en que se cayeron y las veces en que supieron levantarse, riendo de aquellos ‘por siempre’ que inocentemente prometieron.
Fueron también los días en que se sentía la persona más jodidamente feliz del mundo, la más afortunada y la más plena. Las lágrimas que caían después de un ‘te amo, no te quiero perder’ y cada golpe al pecho retumbando los oídos cuando creían que el otro ya había abandonado todo.


Si él pudiera caminar en la misma calle que tú. Hacer cola en el mismo supermercado que tú. En el mismo café para leer su libro favorito. Compartir su vida, su mundo. Es lo que más añora en la vida, estar sin distancias y medidas. Invitarla a un hot dog y una Pepsi grande. Sentaros en el parque y hablar hasta tarde. Ir al cine y pelear por las palomitas hasta que la película se acabe. Si pudiera hacer todo eso.... Si pudiera mirar al cielo, igual que tú, tal vez la distancia sería menos dolorosa si todo fuera como tú.



Ya no se leen, ya no se escuchan. Sabe que ya no estás aquí, pero si por alguna razón llegas a sentir esto, recuerda que lo de él sí fue real.


Ya perdí la cuenta de los muchos ‘te extraño’ que me tragué.